El presente reportaje fotográfico se sumerge en el esplendor colorista del amanecer y el atardecer, dos fenómenos de la naturaleza de indudable belleza que nos proporcionan un espectáculo igual pero al mismo tiempo diferente cada día. Añadiéndole a este momento una nube de caprichosas formas, de tantas diversas que se pueden encontrar, solo falta un ingrediente para que la receta sea realmente sensacional: un horizonte curioso, un bello paisaje nevado o simplemente el océano de fondo. En las imágenes presentadas son las nubes y los rayos solares los protagonistas, unos rayos que tornan a un rojo profundo cuando afeitan tangencialmente la superficie terrestre y que sólo observamos en el principio y fin del día. Para ese momento, especialmente en el ocaso, el mejor espejo de su colorido no es otro que un altocúmulo, cuando creemos que solo hay oscuridad y las nubes bajas aparecen como manchas negras en el cielo, de repente el altocúmulo se enrojece y engrandece así su presencia ante el observador, convirtiéndose en el último testigo de la luz solar, como una alfombra roja que invita a subir al cielo...
FOTO 1
Valle de Guerra, Tenerife, Mayo de 2005
Inicio de la secuencia: un altocúmulo espectacular se extiende a lo largo de todo el cielo, en dirección este-oeste. El extremo más occidental del altocúmulo es iluminado más intensamente por el sol ya decadente, el reflejo rebota sobre un mar en casi absoluta calma, un reflejo tan agudo que ciega al objetivo de la cámara y le obliga a sumergir el valle en la penumbra.

FOTO 2
Valle de Guerra, Tenerife, Mayo de 2005
El altocúmulo es tan inmenso que resulta imposible abarcar con un solo disparo, su longitud es increíble y no lo es menos su espectacularidad, un ejemplar como este solamente aparece en contadas ocasiones, y estar allí en ese momento es todo un regalo. El contorno de la nube es muy preciso en el extremo derecho y ese detalle aumenta más la magia de la imagen.

FOTO 3
Valle de Guerra, Tenerife, Mayo de 2005
El reflejo rojo disminuye paulatinamente su intensidad a medida que recorremos la nube hacia el este, el cielo es como una alfombra roja que conduce a las estrellas, no a las de cine, sino a las de verdad. El azul se limita a una franja estrecha pero proporciona un contraste precioso con el marcado borde de la nube. El objetivo ya no capta tanta luz desde arriba y abre sus ojos un poco más para ofrecer más detalle de la superficie del valle, ya sumido en la oscuridad.

FOTO 4
Valle de Guerra, Tenerife, Mayo de 2005
El altocúmulo se estira hacia el horizonte, su reflejo no es tan exagerado y con ello el objetivo se abre y permite captar tonos de color en el valle.

FOTO 5
La Cerdaña, Cataluña, Enero de 2005
Los altocúmulos son ahora los únicos capaces de ver el sol, el resto de elementos duermen ya en la oscuridad, en un día de sensacional claridad en el aire.

FOTO 6
La Laguna, Tenerife, Noviembre de 2005
El gris del invierno reina en el ambiente, el cielo y el mar casi se tocan conformando un manto de oscuridad lúgubre que sólo el rojo intenso del amanecer puede romper. El zoom de 380 mm se arroja sobre el istmo de Las Palmas de Gran Canaria, y consigue captar lo que no se puede ver en condiciones normales: la silueta de los edificios, a más de 90 km. Un fondo rojo hace lo que el azul del día no es capaz. Sensacional.